La fotografía en la Cámara Lúcida de Roland Barthes
Roland Barthes hace un análisis semiótico personal de la fotografía. Primero que nada, entiende que la foto es un signo, pero le confiere una problematicidad. Es un signo que se corta, que no cuaja, como la leche. La fotografía se debe a algo o alguien, y es invisible porque no es a ella a quien vemos, sino al referente que se le adhiere.[1] Pero si la fotografía es un signo invisible, también lo es porque no encierra un significado en sí misma, sino significa adoptando una máscara.[2] Esto apunta a que su significado está en el sentido que le confiere el espectador, ya sea con un gusto educado, o simplemente con el dejar que la foto le hable o le que lo induzca vagamente a pensar.[3] La fotografía hace sentir, aterrorizarse, o simplemente pensar, (u otra cosa).
La fotografía saber que implica
tres intenciones: hacer, experimentar y mirar. En esta intencionalidad
participan ontológicamente los siguientes elementos: el Operator (el
fotógrafo), el Spectator (quienes contemplan la fotografía) y el Spectrum (que
es ese simulacro de la realidad que ha dejado de ser. Ahora bien, el Spectrum fenomenológicamente
tiene el Referente de la Fotografía, que es la cosa necesariamente real que ha
sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habría fotografía.[4]
Esto nos lleva a que la cosa ya no está frente a la cámara, podemos decir que
la fotografía remite a una realidad y al pasado, y ese es el noema de la
fotografía. Dice Barthes que el noema es “esto ha sido” o bien “lo intratable”.[5]
Esto se refiere a la irrupción de lo privado en lo público, a la enunciación
sutil de la intimidad sin revelarla.[6]
La fotografía en ese sentido para
Barthes es el retorno de lo muerto. Pero no es solo lo que no es sino, más
bien, tiene que ver también con lo que sí es: el yo. La fotografía es el
advenimiento del yo mismo como otro, una disociación astuta de la identidad.[7]Vaya,
en Barthes la muerte en realidad es una metáfora para referirse al juego
identitario que realiza la fotografía. La muerte es el despojo que hace el
fotógrafo de quien es fotografiado. Yo supondría que también de lo que es
fotografiado (para Barthes). En ese sentido, la fotografía certifica que lo
fotografiado es el cadáver viviente en la imagen. Es la imagen viviente de una
cosa muerta. Eso real que fue ya está muerto.[8]
La fotografía es un teatro en el que la
muerte no puede contemplarse a sí misma. Es la negación de la muerte el poder
de trabajo que ésta tiene. Por eso tiene algo de carácter de resurrección. [9]
En ese sentido la fotografía tiene “aire” que es una especie de aportación de
valor de vida, que es indecible, pero evidente aunque improbable, es una
especie de sombra que rodea al cuerpo.[10]
En una especie de estructura
comunicativa y ontológica. Para Barthes la fotografía es la mezcla de: emisor,
receptor y mensaje. No obstante, en la fotografía va a haber ciertas
características que no hay en el circuito de la comunicación en otros
contextos. Vayamos a ello. La fotografía la caracterizan algunos fenómenos: la
inseguridad (dado que es tan subjetiva en el gusto, que hay un me gusta o no me
gusta y ya), y por otro lado la aventura porque produce una animación en el
sujeto (cuando ésta “gusta”).[11]
No obstante, del lado del
receptor, del Spectator, confluyen dos reglas estructurales que llevan a
valorar la foto: el “studium” que es el conjunto de referentes contextuales que
hacen que uno valore a la fotografía (haya un estudio o no de por medio), pero
que es una especie de encuentro permeado por la educación del espectador para
encontrarse con las intenciones del fotógrafo (el operador); y el “puntcum” que
es el pinchazo que la fotografía hace sobre el espectador, y que hace que
despunte en él anímicamente de manera profunda. Al parecer el studium es
intencionado, el punctum es involuntario. Dice Barthes: “Ciertos detalles
podrían <punzarme>. Si no lo hacen, es sin duda porque han sido puestos
allí intencionalmente por el fotógrafo”.[12] Más aún el studium es codificado, el punctum,
no (porque es innombrable), pero surge como un efecto ilocalizable de la
fotografía.[13] Pero
también el punctum no solamente está en forma, sino en el devenir: es el Tiempo
en tanto el desgarrador énfasis del noema (que retrata la pose).[14]
El punctum es un “va a morir”.[15]
La creación fotográfica tiene
algo de intencional de parte del fotógrafo, pero también un aspecto azaroso:
“La videncia del Fotógrafo no consiste en <ver>, sino en encontrarse
allí. Y ante todo, imitando a Orfeo, ¡que no dé vueltas sobre lo que él conduce
y me da!”.[16]
La fotografía tiene algo desarrollable, pero también algo indesarrollable
(sobre todo está pensando en la acción química de la fotografía analógica que
tiene un aspecto irrepetible, que solo se “repite” muy parecidamente, nunca
igual a través de la insistencia).
Ahora bien, según Barthes, el
fundamento de la naturaleza de la fotografía es la pose. La pose es una
intención de lectura, la mirada y pensamiento de aquel instante que se congela
en un instante que causa la inmovilidad retratada. Esa detención es la pose.[17]
La experiencia de una fotografía
produce un choque fotográfico, que es la revelación de las sorpresas que
encierra la imagen: la sorpresa de lo raro (en el sentido de una composición
que rompe con la ordinariedad de la percepción), la sorpresa del numen, que se
refiere al recorrido que nos lleva a hacer la fotografía sobre la imagen
(ligado al centro de atención y la composición), la sorpresa de la proeza (de
lo que la tecnología de la cámara fotográfica logra plasmar), la sorpresa de
las contorsiones técnicas de lo que el uso de la técnicas fotográficas o
errores fotográficos a través de la ejecución o revelado de la fotografía
pueden hacer y la sorpresa del hallazgo (de elementos discretamente contenidos
en la fotografía que se descubren a través de la observación atenta). Esa experiencia entonces implica una especie
de principio de desafío. Esas sorpresas están ligadas a la singularidad a
partir de lo que todo mundo ve: la trivialidad.
Finalmente, la fotografía lleva
al Kairós (el momento oportuno) del deseo. Es una sentencia ambigua que no
aclara si toda fotografía contiene deseo, que no explica si este deseo es del
Operator, es del Spectator o de ambos.[18]
La fotografía es tan variada y
tan compleja que, al parecer, las esencias que fenomenológicamente trata de
encontrar Barthes de la fotografía, lo llevan a concluir que: la fotografía
esencialmente es contradicción en los términos. Solo que no lo dice con
claridad.[19] Quizá
por eso entiende que en la fotografía “la mirada es siempre virtualmente loca:
es al mismo tiempo efecto de verdad y efecto de locura”.[20]
En consecuencia, el éxtasis fotográfico
sucede en el tiempo que acaece en tensión entre la locura y la cordura.[21]
Barthes muestra que la fotografía
es un fenómeno muy complejo anímicamente. No es una mera imitación pasiva de la
realidad. Es muy valiosa su reflexión en ese sentido. Ahora bien, su
interpretación un tanto escatológica por su incrustación de la muerte, y
centrada en la fotografía analógica (dado que elaboró su texto entre abril y
junio de 1979, antes de la irrupción de la fotografía digital) y bajo el modelo
del retrato de personas por encima de otras posibilidades poyéticas, hace de su
ensayo una visión metafórica con un sesgo retratocéntrico, pero también
particular respecto a otras interpretaciones posibles de lo que puede ser la
fotografía, sea por sus géneros o por su formato (como el digital). Aun así hay algo de universalizable en su
metáfora hacia los otros géneros y hacia el otro formato. Su ontología de la fotografía con el Operator,
el Spectrum, el noema y el Spectator da cuenta de una estructura semiótica
digna de ser revisada.
[1] Roland Barthes, La Cámara Lúcida. Notas sobre
la Fotografía, edit. Paidós, Barcelona, 2020, p. 28.
[2] Ibid., p. 54.
[3] Ibid. p. 56.
[4] Ibid., p. 90.
[5] Ibid., p. 91.
[6] Ibid.,
p. 110.
[7] Ibid, p. 33.
[8] Ibid., p. 92-93.
[9] Ibid.,
p. 103 y 96.
[10]
Ibid., p. 188 y ss.
[11]
Ibid, p 39-40.
[12] Ibid., p. 65.
[13] Ibid., p. 68.
[14] Ibid., p. 106.
[15] Ibidem.
[16] Ibid., p. 66.
[17] Ibid., p. 92.
[18] Ibid., p. 76.
[19] Ibid, p. 41-42.
[20]
Ibid., p. 122.
[21]
Ibid., p. 129,
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