El Averno
Es un impulso. A veces es suave, pero siempre va creciendo gradualmente; en ocasiones es intempestivo, repentino, avasallador. Algunos estímulos lo detonan: un poco de tiempo libre, una imagen pornográfica, una silueta femenina caminando por la calle, que en su talla, denota su portento, una sugerencia erótica en un anuncio, una melodía encendida, una puerta prohibida con un cancerbero, un fragmento de una película o una ocurrencia necia del “¿por qué no?”, “será sólo un ratito”, “una copa, nada más”, “es una prueba para mí”, “no tiene nada de malo”, “lo puedo controlar”, “espero que se baje tráfico, luego me voy” o el vacío, simplemente la vacuidad con su sensación de tristeza profunda mezclada con soledad. Todas esas cosas me conducen a esa obscura madriguera, ese lugar lleno de Afroditas y Vampiresas. Sí, el impulso domina, late el corazón, crece en el bajo vientre, revolcándose entre las vísceras, sube al pecho, incrementa los ...